Mercedes de Pablos con La SinMiedo


Cada vez que se abre un espacio de libertad…. Mueren tres demonios allá en la caverna. Icia y Noelia, queridas. Queridas mías, gracias por recordarnos que la felicidad no es un privilegio, o peor, una condena… y tampoco una sonrisa permanente como la que pinta la publicidad convencional. La felicidad es el ejercicio soberano de la voluntad y es la voluntad la que nos hace libres, independientes. Porque la independencia es la felicidad de los seres inteligentes.

Dadme una voluntad y moveré el mundo. Dadme voluntad con corazón y crearemos Otro Mundo. Reiniciaremos el Mundo. Contaremos el Mundo mientras nos contamos a nosotras. Contar los días con los dedos y encontrar la mano llena, palabras de Jose Saramago, aquel andaluz de emoción y de adopción, que dijo que el mundo se sostenía por las conversaciones insaciables de las mujeres. Mujeres que se encuentran y que allá hace más de cien años se quitaron sostenes y sombreros, pero que en realidad se estaban despojando del miedo. El miedo que es de verdad la bacteria enemiga de todas las libertades. El miedo que es el gas mostaza contra todas las voluntades. Gracias por haber vencido al miedo, gracias por ganar cada día, en cada centímetro de este local, en cada palabra, cada música, cada respiración que aquí se oiga la batalla del miedo y de su prima la pereza y de su madre , la desesperanza.

Somos mujeres y como a tales se nos reconocen las emociones, la capacidad de afecto, hasta el ingenio y la disponibilidad para las bellas artes, la belleza, los placeres, las bondades de la vida. Tampoco en exceso: las musas tienen mayor inclinación por los barones, a qué nos vamos a engañar, pero un poco sí, lo suficiente para llenar medio callejero y asegurar que si se es buena de verdad, La Pardo Bazán, Rosalía, Josefina Molina, se puede destacar a pesar de las dificultades.

Pero, ah amigas, cuando se trata de emprender, de apostar, de asociarse y por tanto ser parte fundamental del tejido de una ciudad, cuando se trata de cambiar los hábitos, de intervenir en las relaciones privadas y sobre todo públicas, cuando se trata de montar una empresa… entonces nos dan una palmada por la espalda y nos tratan como si lo nuestro fuera, de natural , competir en lo lateral, competir en las paraolimpiadas.

Mucho mérito, mucho esfuerzo, mucha loa a las mujeres que sin dejar de serlo, sin dejar el hogar hecho unos zorros y a la prole abandonada como el coro de los miserables, hacen un algo, ponen su granito de arena en el Pib, contribuyen un tanto a hacer esta economía , esta vida nuestra, más humana. … Mucho mérito pero en otra división, otro nivel, al fin y al cabo los normales son otros.

¿Y sabéis que os digo? …que tal vez sea precisamente ese nuestro sitio, el de las paraolimpiadas , donde los triunfos son reales, donde no llega la mano invisible de enormes ganancias ni del mercadeo de los logros , allá donde se compite con minusvalías, allí iremos ocupando espacios, espacios como éste… Igual lo nuestro es el mundo real y Ellos son los Otros, el espejo de Dorian Grey, la pararealidad, la paravida.

Porque desde locales como este se hace la revolución invisible, que como la hiedra de Violeta Parra, que como la termita de Julian Barnes lo irá ocupando todo. Desde estas paredes de mujeres sin miedo pasaremos a la calle de al lado, al barrio de al lado, a la ciudad de al lado, a la tierra de al lado… y el mundo será de las cojas, las ciegas, las sordas, las mudas… que ni enmudecen ni dejan de ver ni dejarán de correr nunca. Porque creyeron atarnos a una piedra, ponernos el listón más alto, hacer la zancadilla pero no pudieron quitarnos el coraje. Porque perdimos el miedo.

Porque podemos estar heridas pero jamás derrotadas.

Porque ya no tenemos miedo.

El que no tuvo Isadora Duncan, como se llama una de las dos salas con nombre propio de este local. El que perdió ella cuando se arrancó el tutú y bailó como una diosa desnuda, vestida sólo con una túnica blanca, el que no tuvo para ser música, para ser libre, para amar a quien quisiera, para quitarse, con los antiguos ropajes, los antiguos tabúes y todos los corsés de una sociedad que nos uniforma para que creamos que la libertad no es posible.

El miedo que no tuvo Clara Campoamor, que no tuvo hijos sino cientos, miles, millones de hijas que llevan su nombre o que en su bendito nombre votan, son, somos, tratadas como seres mayores de edad, recuperamos el respeto que nos había sido negado de natura. Masajes para recordar a Clara, ella que murió sola allá en Ginebra sin el abrigo ni la caricia de un Partido_Familia, sin el cobijo de unas siglas que tanto consuelan. Aquí en este lugar sin miedo podremos convertir un servicio en un servicio rentable y necesario. Podemos demostrar que la calidad de vida, el Estado del Bienestar requiere mujeres sin dolor y sin miedo. Porque sin miedo y felices dais, damos, mucho miedo.

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